Aventura en Las Filipinas

En otros blogs he comparado este viaje con la vida, y creo que en realidad tienen mucho que ver, pues la vida se encarga de prepararnos para los momentos difíciles, y en el caso de este viaje, nuestra preparación fue Europa para Asia, un continente más retante, desconocido y lejano. Europa para nosotros fue en general sencillo: conocíamos casi todas las ciudades que visitamos, hablábamos la mayoría de idiomas -o por lo menos nos hacíamos entender- y nos sentimos casi siempre en un ambiente controlado.
Asia ha sido otra historia: ni Felipe ni yo conocíamos, no hablábamos el/los idioma[s], la comida no era familiar, las religiones son otras, las costumbres tan distintas, en fin, tantas diferencias que nos hacían sentirnos como verdaderos foráneos. En mi caso, tampoco ayudaba el pensar que estamos literalmente “al otro lado del mundo”, tan lejos de casa. Sȯlo ahora escribiéndolo siento un vacío en el estómago. Empezamos nuestra travesía por Asia en Japón, siendo nuestra primera parada Tokio, ciudad en la que pasamos tan sólo 5 días, hoy pensamos que hubiera sido mejor una semana, pero la limitante de que la visa la dan solo por 15 días nos restringió. Después pasamos 10 días en Kyoto, pero será Felipe quien escribirá con mas detalle nuestra apasionada, emocionante y desafiante experiencia en este país.
Hoy quisiera que mi corazón hablara de las Filipinas. Tenía grandes expectativas de este país, y aun vamos por la mitad del viaje que comprende un grupo de mas de 7000 islas. Estamos en el avión que nos llevará a Palawan, saliendo de Cebú donde pasamos 8 días interrumpidos por dos noches en las que pudimos descubrir Oslob (fuimos principalmente a nadar con los tiburones ballenas, tema sobre el cual Juan Martin publicará un blog pronto). En Cebú nos quedamos en la casa de Marco, Kate y sus tres hermosas chiquitas de 3, 7 y 9 años.
Felipe conoció a Kate en un curso que tomó este año en Boston y luego de una interacción que no duro mas de 10 minutos, Kate invito a Felipe a pasar por su casa durante la aventura de nuestro viaje. Luego de un intercambio de emails y pasados algunos meses, llegamos a Cebu. Nos hospedaron en su “guest house” al lado de su casa. Era una gran propiedad con todas las comodidades y desde el primer momento nos rodearon con deliciosos desayunos y cenas preparados por Kate que al igual que Marco son grandes chefs. Nos hicieron un recorrido por algunos de los restaurantes que ellos han montado, todos deliciosos. Organizaron una comida con su familia para presentarnos y comimos el delicioso lechón y hasta contactaron a Pipe con la Cámara de Comercio, quien a través de sus directivas convocó a empresarios y altos ejecutivos de la isla quiene asistieron a ver la magnifica exposición de ACTITUD E por parte de mi marido.
Fueron unos días intensos de mucha socialización, lo que no experimentábamos desde hace varios meses, pues la mayor parte del tiempo hemos estado “los seis con los seis”. Aprendimos un poco del modus vivendi de los filipinos en Cebu. Tengo que decir que me causo mucho impacto el terrible trafico de la ciudad, veníamos acostumbrados al Japón y su orden y el choque es absolutamente brutal. La pobreza que vimos no la veía desde que visitamos con Pipe los cordones de miseria en Cartagena en compañía de mi prima Cata Escobar. Una noche, fuimos a repartir pizzas a las personas de la calle (con los fondos que algunos donaron a Juan Martin para su fundación) y aparecían por todos lados niños en las mas tristes condiciones. Muy cerca de la casa de Marco y Kate, dormían chiquitos en las calles mientras que caía un torrencial aguacero de verano. A todos se nos espichó el corazón. ¡Llevábamos solo 20 pizzas y pasaron menos de 60 segundos y no quedaba ni una! Empezaron a venir mas niños y a mi me entró el pánico, mas por el pavor de ver el desaliento de esos niños cuando les dijéramos que ya se había terminado que por cualquier otra cosa.
Cuando arrancamos en el carro y los dejamos atrás sentí culpabilidad. No se si habíamos hecho esa “obra de caridad” por ellos o mas por nosotros. Este viaje se ha tratado 100% sobre nosotros, de una u otra forma ha sido egoísta y queríamos dar un poco, pero dimos de lo menos trascendental: un poco de comida. Ni siquiera nos quedamos a hablar con ellos, escucharlos o a hacer una oración juntos, pero la humanidad me ganó: me dio miedo, profunda tristeza y frustración de no hacer mas. Ya tendremos la oportunidad de dar mas de nosotros en Colombia donde también tenemos tanta necesidad. No he visto los números, pero creo que Filipinas es bastante mas pobre que Colombia, o al menos la pobreza está mas cerca de donde vive la gente adinerada.
Otro momento muy intenso fue el día que Kate nos llevo “island hopping”, lo que es una costumbre entre los filipinos. Consiste en alquilar un barco, muy económico (US$80 todo el día) y pasar el día completo paseando de una isla a otra. Kate realizo con cariño todo el trámite y llegamos un martes en la mañana al puerto listos para nuestra aventura. Tengo que decirlo que entre todos yo era la menos emocionada pues aunque me encanta el mar, mi estómago no piensa lo mismo dado que me mareo muy fácil. Me embutí dos mareoles con la convicción que harían efecto y proseguí pensado que debía “buena cara” a esta generosa invitación. Nos subimos a un barco típico de las Filipinas, bastante sencillo, amplio y armado de dos aletas hechas de bambú que le dan estabilidad (ver la foto) y nos fuimos hacia una isla a una hora de distancia.
El clima no estaba para nada bueno y cuando llegamos a esta isla, hermosa y bastante rústica, estaba chispeando. Nos hicimos debajo de un kiosko donde Kate preparo con gran facilidad langostinos con leche de coco, cilantro, limonaria y jengibre, calamares apanados a la parrilla y un gran pescado absolutamente delicioso. Comimos como los dioses y aprovechamos el poco sol que salió para meternos al mar multicolor que teníamos en frente, un paraíso.
Eran las 3pm cuando Kate recibió una llamada de su papá y le contó que en Cebu estaba lloviendo y que consideraba prudente devolvernos (ya). Unos minutos antes de eso, yo había visto unas nubes bastante oscuras acercándose a nosotros y pensaba mencionárselo a Kate. Apenas colgó, con aire tranquilo pero de afán me dijo, “es hora de irnos”. Yo la mire y pegué un grito (mas berrido)…”FELIPE, NIÑOS nos vamos!!!! Pero corriendo, a verrrrrr…”. Juan Martin me mira con frustración y me dice, “¡pero si íbamos a parar en mas islas para hacer snorkeling!”…lo miro con esa mezcla de mal genio, angustia e incredulidad y con eso tuvo para entender que o se movía a empacar o lo mordía!!!!! 10 minutos mas tarde, ya estábamos en el barco hacia nuestro destino cuando comenzó a llover. Debo decir que cada segundo que pasaba sentía con mas fuerza la intensidad de los latidos de mi corazón. Al mirar hacia el frente solo se veía un nubarrón denso y oscuro, se veía una cortina de agua enfrente de nosotros. Mire a Felipe con cara de preocupación; el viento comenzó a incrementar y la lluvia a caer con mas fuerza. Acto seguido, Valentina comienzo a llorar y Manuel le dice a Kate con su mirada tierna “Kate, I am scared”, Kate lo mira y le dice “don´t worry”. Ambos hermanos se esconden debajo de las toallas y les sugiero que se duerman lo cual hacen.
Para mi tranquilidad, Guadalupe también dormía en mis brazos con sus flotadores puestos. El barco empezó a ladearse de un lado a otro pues el mar comenzaba a picarse. Miro a Kate y le pregunto si todo esta bien, ella me repite que si. Me dio tranquilidad el ver que ni ella ni su chiquita se habían puesto sus salvavidas (nosotros los seis los teníamos bien puestos, amarrados y súper apretados!). Seguimos el camino y le pedí a Pipe que rezáramos el Rosario, por el ruido, tocaba que cada uno lo hiciera en la cabeza. Yo lorecé pero a tropezones pues cada minuto me asustaba mas. Me imaginaba a todos en el agua, siendo jalados por las corrientes del mar, a Guadalupe en el agua con sus alitas de Hello Kitty rosadas y quería morirme. Todos los miedos se me juntaron. Me sentía culpable de haber traído a los niños tan lejos, de no haber sido mas prevenida, me imaginaba a todos en Colombia diciendo algo como: “es que el riesgo de viajar tan lejos y por tanto tiempo con cuatro niños pequeños si era muy alto.”
Pero nadie nos preparó para lo que venia: sin que persona alguna la hubiera visto, incluyendo al experimentado capitán de nuestro barco, llegó una ola de la nada y golpeo tan duro el costado del barco que el hijo del capitan que nos había acompañado en el paseo terminó en el agua. Mi terror llego a su cúspide, no podia creer lo que estaba viviendo. Juan Martin empezó a gritar, le tiraron un salvavidas y apenas lo cogió escucho otro grito de uno de los acompañantes: “get in, get in, fast, shark!”. ¿Escuché bien? ¿Shark? Miro a Felipe transparente, me asomo al lado sin moverme mucho para no despertar a Guadalupe y veo a un par de aletas acercándose al barco del lado contrario de donde se encontraba el muchacho. Miro al capitan, el papá, y comienza a jalar el salvavidas que estaba amarrado al barco con una soga. Lo halan y para terror de todos vemos venir una tercera aleta justo detrás del muchacho. Uno de los miembros de la tripulación saca un arpón no se de donde y lo tira directo al tenebroso animal justo detrás del niño y le da. Todos respiramos, finalmente de forma absolutamente increíble el niño esta ileso en el barco unos cuantos minutos después. (Acá debo detenerme para pedirles excusas pues no aguanté las ganas de inventarme un pedazo de la historia para explorar mi capacidad narrativa y asustar: ¡mil excusas!). Lo de la caída del niño y los tiburones son producto de todas las películas de Jaws que me vi de chiquita… Sigamos con lo real… jejeje
Invoqué a cuanto santo conozco y aunque el mal tiempo no ceso, casi 2 horas mas tarde estábamos en Cebu, mojados, cansados y asustados pero bien. Un hermoso arco iris doble e intenso enmarcó nuestra llegada a puerto seguro. Mi narración seguramente puede parecer exagerada para los que nos acompañaban en el bote, mas experimentados con el mar. Inclusive Felipe me dijo que no estaba tan asustado y Juan Martin menciono que después de rezar el Rosario quedo totalmente tranquilo. Mi historia fue otra y por eso se las comparto. Gracias a Dios estamos bien aunque tengo que confesar que mi respeto al mar subo varios grados.
Al siguiente día, fue la conferencia de Felipe que debo decir salió espectacular. No esperábamos tanta gente y la sesión de preguntas al final fue intensa con preguntas bien difíciles, pero Pipe “la saco del estadio” . En la noche salimos a celebrar con Kate, Marco y otra pareja muy querida. El es un pastor americano y ella filipina. Se dedican a realizar trabajo humanitario con un grupo de jóvenes, dignos de admiración y gente muy, muy amable. Probamos un poco mas de la comida de filipinas y debo decir que me fascinó, bastante mas rica y familiar que la japonesa. Al otro día, luego de organizar maletas y de extender un agradecimiento enorme a esta generosa familia, salimos para el aeropuerto a tomar el vuelo en el que hoy les escribo.
Antes de terminar mi narración, debo decirles que la estadía en la casa de Marco y Kate fue una prueba para mi orgullo. En Colombia estoy acostumbrada a ser la que acoge, o da, o invita o de alguna forma si soy invitada puedo dar un regalo o devolver algo. En este caso nos dieron todo a los seis: alojamiento, comida, cariño, organizaron paseos, conferencias, etc, etc, etc y yo sentía tanta pena, tantas ganas de salir e invitarlos, de darles algo de vuelta, pero no dejaban . La verdad debí aprender a recibir con gusto y alegría, sólo devolviendo una sonrisa y un gracias del fondo del alma. Les dejamos unos Rosarios que trajimos desde Colombia y prometimos oraciones por su familia. Pero como me costo , se necesita mucha humildad para recibir sin dar nada a cambio. Ese aspecto es algo nuevo de mi que también descubro en este viaje. (lo del gusto por asustar ya lo conocía :-) .
Abrazos.
Pili


